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Cuando el destino está marcado, ni las estrellas de cine pueden escapar de él


En los años 50 el James Dean ya era una estrella del celuloide y un apasionado de la velocidad. Y como tal, deseaba poseer los coches más exclusivos del momento. El 21 de septiembre de 1950 se compró un espectacular Porsche. Se trataba de uno de los noventa 550 Spyder que se habían fabricado.

Todos sabemos que aquella decisión que tomó tras el rodaje de Gigante terminaría en tragedia. Por ironías del destino, a mediados de septiembre concedió una entrevista de televisión en la que advertía de los peligros de la conducción. Incluso se atrevió a recomendar a la juventud que tuviera cabeza al volante.

Con todo esto llegamos al fatídico 30 de septiembre de 1955. Aquel día, el Porsche 550 Spyder, James Dean y su mecánico Rolf Wütherich partieron para disputar una carrera. A eso de las 18:00 horas James Dean se convertía con 24 años en un mito del firmamento cinematográfico.

Fuente: AutoBild

Fuente imagen: Jalopnik
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